Cabañas del Castillo

Uno de los núcleos de población más pequeños del Geoparque Villuercas Ibores Jara y a la vez más bellos, paseando por sus calles nos transportamos a los tiempos en el que la piedra y la madera formaban parte principal en la construcción de las viviendas,un pequeño pueblo que duerme a los pies de un gran risco de cuarcita y oteando desde lo alto, las ruinas de su castillo, disfrutando del volar de grandes rapaces como alimoches, buitres leonados y negros, águilas reales, halcones peregrinos … un lugar de visita obligada y que no podrás olvidar.

Fósiles bajo la puesta de sol en la Sierra del Hospital del Obispo

Se pierde la luz en el horizonte y la puesta de sol nos hace levantar la vista, observar los perfiles de las sierras villuerquinas con las últimas luces del día, y bajo los pies, cientos de fósiles esperan petrificados que volvamos al lugar, con la cámara en mano, a observar los tesoros del tiempo, del Geoparque Villuercas Ibores Jara.

 

 

La Raña de Alía

Aunque las rañas paisajísticamente hablando no resultan muy atractivas para el fotógrafo de naturaleza, una vez nos adentramos en esta formación sedimentaria nos llevaremos muchas sorpresas y descubriremos que cuentan con innumerables atractivos para la fotografía.

Las Rañas son depósitos sedimentarios formados de arcillas, arenas, cantos de cuarcitas, areniscas… provenientes de la erosión y que originan una especie de «mesetas» comúnmente denominadas «mesas» o «mesillas».

En el Geoparque Villuercas Ibores Jara encontramos varios lugares con este tipo de formación geológica, la de Alía concretamente, situada entre los términos municipales de Alía y Castilblanco cuenta con innumerables ecosistemas distintos (pinares, lagunas naturales, campos de cultivo, alcornocales, pastizales …), toda esta variedad de ecosistemas unido a la abundante cantidad de agua que fluye por esa planicie la convierten en un lugar importante de interés para la observación de flora y fauna, en la que cabe destacar una numerosa variedad de orquídeas, de setas, de aves como buitres negros, azores, aguilucho lagunero, águila real e imperial … y abundante fauna cinegética propiciada por los abundantes cotos de caza mayor colindantes.

Geositio Cancho del Ataque

Pliegues de cuarcita rotos por la garganta del Hospital del Obispo, que abandona dicho valle para continuar camino del Río Gualija, rompiendo a su paso los pliegues de la Sierra del Rullo y formando la que quizás será la cascada más grande de todo el Geoparque Villuercas Ibores Jara.

Apenas a unos 150 metros de la carretera que une Guadalupe con Navatrasierra pasa totalmente desapercibida para aquellos que no conocen de su existencia, escondida en el fondo del Valle y oculta desde las vías de comunicación, si caminamos por sus pedreras escucharemos el rugir del agua en busca de la cascada, en busca de los bosques de loros que descansan a sus pies, mientras numerosas cuevas y abrigos vamos dejando atrás y los fósiles del pasado en forma de crucianas son testigos de nuestro caminar.

La Sierra de la Palomera se tinta de ocre.

En pleno Geoparque Villuercas Ibores Jara encontramos una línea montañosa denominada Sierra de La Palomera, también conocida como Sierra del Hospital del Obispo o Sierra de la Enebrera (según a la parte que nos refiramos ).

Forman una línea de riscos cuarcíticos de alturas que varían entren los 800 y los 1440, rodeados de abundantes bosques principalmente bosques caducifolios de roble melojo aunque también nos encontramos encinas, alcornoques, pinos, madroños, durillos … todo ello tintado de ocre y rojo en continuo contraste con las especies de hoja perenne.

A este contraste de color hay que añadir la abundante fauna y flora, rodeados de grandes fincas cinegéticas, el coto regional de caza de matallana, el conocido por su flora Hospital del Obispo, turberas, orquídeas, plantas carnívoras … una mezcla de naturaleza, colores y sentimientos que convierten a este lugar en uno de los más bellos de todo el Geoparque.

Geositio Hornos de Cal de La Calera

En el siglo XIV con la construcción del Monasterio de Guadalupe la cal se convirtió en un material esencial de construcción, para ello numerosos mineros exploraron la Sierra de la Palomera en busca de las vetas calizas. Encontraron a la falda del Risco Sobacorbas (Torrontro) varios afloramientos superficiales de este material, asentándose en este lugar y dando comienzo a la actual pedanía de La Calera, construyeron varios hornos en las inmediaciones de la veta caliza y han seguido manteniendo estas construcciones tras la terminación del monasterio, usándose hasta hace pocos años para el encalado de casas principalmente.