Ruta a la Cueva Oscura (Robledollano) y Mina del Ibor (Castañar de Ibor).

El bar el Cazador de la localidad villuerquina de Robledollano nos sirve como en anteriores ocasiones como punto de partida de nuestra ruta. Tras el obligado café y en esta ocasión con un grupo más numeroso, de aproximadamente 15 personas.

DSC_4698 Tras un pequeño recorrido en coche llegamos al lugar visiblemente más cercano a la Cueva Oscura, nuestro primer destino, destino que se alza en lo alto de la sierra en medio de un gran roquedo de cuarcita.

Ascendemos por la ladera de la sierra entre pequeños robles y grandes pedreras.

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Una vez arriba las estupendas vistas del Valle del Ibor se mezclan con las lejanas casas de Robledollano, los bosques de robles y encinas, el vuelo silencioso de un viejo buitre … todo ello junto a dos cuevas rodeadas de un gran zarzal y la compañía de un grupo de amigos dispuestos a descubrir un nuevo tesoro en cada rincón de esta bonita comarca.

Desde aquí nos dirigimos a un merendero situado en las afueras del pueblo en la carretera de Castañar de Ibor, el hambre viene llamando a la puerta, y a pesar de tener un día frío y con un aire bastante desagradable hacemos una pequeña parada para reponer fuerzas.

El siguiente destino en nuestra ruta es La Mina del Ibor, un pequeño roquedo apenas perceptible entre la densa vegetación nos descubre varias galerías excavadas en la roca, acompañadas de un panel con arte rupestre paleolítico.

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Vamos inspeccionando cada galería, asomándonos a cada hueco, arrastrándonos por los distintos túneles, descubriendo murciélagos …

DSC_4808El siguiente destino es una antigua torre de la cual apenas conocemos su nombre “Torre de los Moros”, situada en las cercanías de la Mina y rodeada de abundante escoria de fragua nos hace adivinar su relación con la minería.

Finalizamos el día campero con un café calentito en Castañar de Ibor, una nueva fecha para la próxima ruta, y un compromiso para empezar oficialmente una asociación de senderismo.

Enlaces de Interés :

Fotografías de Miguel Urbina.
Fotografías de Jose Antonio Sánchez.
Fotografías de Jaime Cerezo.
Nuevas Representaciones de Arte Paleolítico-  La Mina del Ibor
La Mina del Ibor
Navalvillar de Ibor

Ruta a la Cueva Oscura (Robledollano)

La cueva Oscura, solo su nombre invita a visitarla, preguntamos en el pueblo … todo el mundo la conoce, pero curioso, nadie ha estado en ella, es la cueva misteriosa de la que todo el mundo habla, es la cueva de las leyendas, del misterio, de la intriga de que será lo que en ella encontraremos.
Mañana fría pero poco a poco vamos apareciendo, ya con el café mañanero nos rodea la naturaleza, grandes cuernas de venados cuelgan de la pared junto a numerosas fotografías de antiguos cazadores, de antiguos rehaleros disfrutando de la pura naturaleza de la Sierra Villuerquina … bebemos rápido, el misterio de la cueva oscura nos está esperando y nuestros pies claman por caminar fuera del asfalto, encendemos el gps, repartimos los planos y nos disponemos a partir.
Rodamos por el antiguo camino de herradura de Roturas de Cabañas y a las afueras del pueblo un paisano nos indica el mejor camino para acceder a nuestro destino, viajamos impaciente hasta encontrar ese gran hueco en el risco de cuarcita justo encima de nuestras cabezas, nos bajamos del coche y comenzamos el ascenso entre antiguas pedreras rodeadas de frondosos bosques de robles y jaras, de empinadas pendientes y mejores vistas … a un lado la umbria de la sierra del Carabal, al otro, el pueblo de Robledollano.

Al llegar a nuestro destino una pequeña decepción nos invade en forma de un gigantesco zarzal que crece resplandeciente a la entrada de la cueva, pero nuestros esfuerzos no pueden quedar vacíos, toda nuestra ilusión no puede ser frustada, buscamos unos palos y entre arañazos conseguimos abrirnos un pequeño sendero por el borde del zarzal. Accedemos a una pequeña cueva con gran cantidad de huecos, cristales de cuarzo … pero esto no puede ser la cueva oscura, apenas cuatro o cinco metros de profundidad no puede convertirse en el final de esta pequeña aventura.

Al fondo, entre los restos del aún resplandeciente zarzal podemos apreciar lo que parece otro hueco … tenemos que comprobarlo … tras varios minutos más rompiendo la vegetación aparece ante nuestros ojos la verdadera cueva oscura.

Entramos en ella, una enorme sala de unos 10 metros de profundidad y al final otra galería perpendicular de unos 6-7 metros continuada hacia los extremos por otras galerías más pequeñas por las cuales no podemos continuar conforman la verdadera cueva oscura, rodeada de murciélagos, bonitos paneles de cristales de cuarzo y numerosos excrementos de algún mamífero que encuentra en estas profundidades la tranquilidad de la noche continua, de la oscuridad absoluta.

Terminamos todos llenos de barro pero el esfuerzo a merecido la pena, otro pequeño rincón de gran valor descubierto, otro bonito recuerdo en nuestra mente, que jamás será olvidado.

Más fotografías en: http://cid-fa91d765bcce5515.skydrive.live.com/browse.aspx/Ruta%20a%20la%20Cueva%20Oscura

Paseo por el Valle del Hospital del Obispo

Tarde soleada del 27 de febrero, tras el café en La Pirámide me decido a pasar lo que queda del día por el Valle del Hospital del Obispo.
 Tras varios minutos de paseo en coche entre densos robledales y pequeñas casas de campo llego al llamado Hospital del Obispo, una antigua construcción, originariamente refugio de cazadores en tiempos del rey Alfonso XI, y posteriormente convertida en hospital de peregrinos, en ella vivían dos familias de Guadalupe encargados de dar hospedaje y descanso a los numerosos peregrinos que pasaban por allí camino del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe. Hasta 1860  pertenecía al Monasterio de Guadalupe, pero en esta fecha pasa a manos privadas, posteriormente ha sido cuartel de la Guardia Civil en tiempos de guerra para combatir a los antifranquistas y actualmente está reconstruido parcialmente como casa particular.
Tras una breve parada en el Hospital me dirijo al denominado Cancho del Ataque, situado a unos pocos quilómetros.
Dejo el coche al lado de la carretera y comienzo a descender entre antiguas paredes, algunas corrales de cabras, chozos de pastores … y otras refugios de la guerra civil … punto clave de defensa al encontrarme en el paso natural de estas sierras, ya desde antaño camino real de peregrinos pero sobre todo paso obligado para todo aquel que quiera atravesar estos montes.
Desciendo entre riscos de cuarcitas labrados por la fuerza del agua resbalando por estas laderas hasta la Garganta del Hospital, en el fondo de la garganta se mezclan las bellas cascadas de agua, con bosquetes de loros, árbol relicto de la época terciaria, enormes madroños, enebros … y todo esto rodeando a una gran cascada de más de 50 metros de alto.Tras las obligadas fotos comienzo a ascender de nuevo por la ladera, pero esta vez por el lado opuesto, cuando de repente casi piso en un hueco de la cuarcita por el que se puede ver una cueva debajo de mis pies de unos 6 o 7 metros de alto.

Como no me puedo quedar con la curiosidad regreso de nuevo al fondo de la garganta y me adentro en el bosque de loros, buscando esa cueva en la que e estado a punto de caer, y descubro un paisaje de lo más enigmático, el agua de la garganta con su sonido se mezcla con el oscuro bosque y numerosas cuevas formadas por el desprendimiento de enormes bloques de cuarcita, todo ello envuelto en una humedad ambiental que recuerda a los escasos bosques de laurisilva de las islas.
Bajo lentamente por la garganta mientras que mi fiel compañera Patty va sacando de sus encondites lagartijas, culebras … y me viene a la mente antiguos paseos por esta misma garganta en uno de los cuales nos encontramos una víbora colgada de la rama de un arce de Montpellier a escasos 10-15 centímetros de la cabeza de un compañero … pero mejor dejar de pensar …
Como todo buen caminante, despues de descender hay que regresar al punto inicial, miro hacia arriba y todavía me queda una larga y fatigosa escalada por los riscos de cuarcita, por lo que amigos … tomo aire … y me despido.
 
Jaime Cerezo

> Fotografía de Naturaleza < Aprendiendo a cada disparo de la cámara, pero sobre todo, compartiendo momentos y lugares con los mejores amigos